sábado, 22 de octubre de 2016

Amamantando por placer, no por obligación


Durante el embarazo de mi frutito todo el mundo no hacía más que decirme lo positivo que era la lactancia materna. Todos los libros y revistas que me leí sobre el tema, que fueron muchos, apostaban por ella. En las clases preparto mi matrona nos insistía en que teníamos que intentarlo, pues para los bebés era lo mejor. La asociación española de pediatría lo recomendaba al menos durante los primeros 6 meses de vida del bebé.

Evidentemente, con tantos estímulos pro-lactancia materna, estaba completamente convencida de que quería amamantar a mi frutito. Cuando al fin llegó el gran día y lo pusieron sobre mi pecho nada más nacer, antes de que ni siquiera hubiesen cortado el cordón umbilical, yo ya quería que se enganchase a mi pecho para comer. Era tal la obsesión que tenía de amamantarlo que mi única fijación era esa, tanto que recuerdo esos primeros días amargamente en vez de tener de ellos un recuerdo feliz.

Mi frutito pesó tan solo 2,5 kg., era tan pequeñito que no tenía la suficiente fuerza para succionar y hacer que me subiese la leche. Además no conseguía colocarlo bien para facilitarle la succión, pues los nervios me impedían actuar con fluidez. Recuerdo que el segundo día en el hospital una de las enfermeras me insistió en darle un poco de biberón pues era tan pequeño que no tenía energía para succionar del pecho y necesitaba comer algo, para mí ese hecho supuso un auténtico trauma, pues creía que si tomaba ese biberón nunca querría comer de mi pecho y le tendría que criar con biberones. El hecho de tenerle que dar biberón me hacía sentir, equivocadamente, como mala madre. Así que tras ese biberón me negué a darle más, e insistía en colocarlo en mi pecho, sin éxito.

Al fin y gracias a dios y a mi matrona que nos dio una "clase particular" a frutito y a mí, conseguimos llevar a cabo la lactancia materna. Lo estuve amamantando exclusivamente con mi leche hasta los 6 meses, a partir de los 4 meses que me incorporé al trabajo con jornada reducida me sacaba con el sacaleches dos biberones para cubrir las dos tomas en las que no estaba. Tanto nos costó que los 2 nos aferramos a ella y no queríamos dejar de hacerlo, estuvimos con la lactancia hasta casi los 3 años (eso sí los últimos meses sólo después de cenar, antes de ir a la cama).


Mi experiencia con Melocotón y la lactancia materna fue muy gratificante. Además de estar convencida de estar dándole a mi bebé lo mejor que le podía ofrecer, esto nos sirvió para estar muy unidos y mientras mamaba sentirlo tan cerca de mí, como cuando estaba en mi interior.  Ahora bien, he de reconocer que los primeros días los recuerdo como amargos, tristes y estresantes solo y exclusivamente por mi obsesión de amamantarlo

Con la madurez y la perspectiva que me ha dado el paso del tiempo quizás si volviese atrás ante las mismas circunstancias optaría por la lactancia artificial, pues no son peores madres las que optan por este método, y me habría ahorrado esos malos momentos que no me hicieron disfrutar de los primeros días de frutito. Aunque sé que la lactancia materna es muy beneficiosa para los bebés, esto no significa que los niños que se crían con biberones vayan a ser menos sanos, ni que las mamás que optan por este tipo de lactancia sean peores.

Cuando me quedé embarazada de Manzanita, gracias a los consejos de las maravillosas mamis de la liga de la leche, estaba decidida a llevar a cabo la lactancia en tándem de mis dos frutitos. Pero a 3 meses de la llegada de mi frutita me empezó a entrar el pánico de que se volviese a repetir una situación de angustia ante un hecho que debía ser positivo y feliz. Me faltó valentía lo reconozco, en la liga de la leche muchas de las mamás lo practican con éxito, pero yo no me sentí capaz.

Así pues, a 3 meses de la llegada de su hermana, el Melocotón se despidió de la lactancia materna. Frente a todo pronóstico y después de casi 3 años lo dejó sin llantos ni traumas, tan fácilmente que todos nos quedamos atónitos. 

Amamantar a frutita fue otra historia, desde el principio nos compenetramos perfectamente y con sus 3 kg., tenía fuerza para sacar a raudales toda la leche que necesitaba. Con ella sí disfrute desde el principio de la lactancia, al igual que su hermano, exclusiva hasta los 6 meses. Mi idea y deseo era prolongar la lactancia materna hasta que las 2 quisiésemos pero una infección nos obligó a tener que dejarla a los 15 meses. A ella si le costó más y me estuvo pidiendo durante varios días.

Concluyendo, lo que os quiero transmitir desde mi experiencia, es que amamantar debe ser un placer y no una obligación. Ésta es la única manera de que sea un éxito y ambos disfrutéis de la experiencia. Para mí la lactancia materna ha sido buena y estoy muy contenta de haberla llevado a cabo, pero insisto en la idea de que el niño que se cría con leche artificial se cría igual de sano y que todas las mamás, las que amamantamos y las que no somos las mejores mamás del mundo.


3 comentarios:

  1. Me ha sorprendido que digas que cambiarías eses tres años de lactancia materna que tanto te gustaron para evitar unos días de amargura... Crees que unos días son más importantes que tres años?? Los primeros días son amargos siempre, al menos un poco, si no es por eso es por otra razón, porque estamos hormonales perdidas, cansadas, agotadas y con el pánico de que de repente una pequeña personita depende totalmente de nosotras. Yo nunca cambiaría tres años de lactancia feliz solo por evitar tres días de amargura ;-) Lo que sí creo que es necesario es contar con mejor información, con personal que ayude mejor, que no te meta el miedo en el cuerpo... Saber que va a ser duro, porque a veces creemos que va a ser más fácil y que no lo sea nos frustra... A Antek le dieron un montonazo de biberones en el hospital, yo de novata ignorante lo permití porque creía que los necesitaba, mientras hacia todo lo posible y más para activar la lactancia materna a toda leche para que no le siguieran dando biberones (que ni siquiera se los daba yo, si no las matronas... Hoy en día me parece muy pero que muy fuerte...) Pero bueno, creo que no tiene sentido regresar a esos momentos con amargura, ahora somos felices con nuestra lactancia materna y aquellos días fui feliz de tener al niño más guapo del mundo, aunque otras cosas me angustiaran ;-)

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    1. Lo que intento decir, igual no lo he expresado bien es que, no es necesario presionarse tanto, también puede criarse sano y feliz y sintiéndote buena madre si tu bebé toma leche artifical. En mi caso mereció la pena, pero conozco otros casos en los que después de días de amargura que desembocaron en depresión post-parto acabaron con leche artificial. Considero que tener la posibilidad de amamantar a tu hijo es algo mágico y maravilloso y repetí con la Manzanita porque fue una experiencia maravillosa, además de disfrutarlo estaba feliz porque sé que daba a mis hijos un gran alimento que les beneficiaba en muchos aspectos. Pero no es "malamadre" quién no puede darle o quién por días horribles decide dar leche artifical, obviamente no es fácil y animo a intentarlo pero si no se puede no se acaba el mundo, es el mensaje que quiero transmitir.
      En ese momento si finalmente, no hubiese podido para mí habría sido una sensación de fracaso estrepitoso cuando no tiene que ser así, es a lo que me refiero.
      Aunque si tuviese un tercero sin duda mi intención sería darle teta igual que a sus hermanos, aunque no caería en depresión si después de unos días no pudiese.
      Mil gracias por leerme y regalarme tu comentario, ya sabes que me encanta ;) (tengo pendiente comentar un par de los tuyos, a ver si saco un hueco). Un besote

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    2. Entiendo lo que dices y opino igual, soy pro-teta total, pero creo que a un niño le hace más falta una mamá feliz que la teta, así que si la teta va a amargar a la madre está claro lo que hay que hacer. Yo pensaba que me iba a sentir fatal, por razones similares, con el hecho de no haber podido dar a luz de forma natural, de que me hicieran cesárea, y sin embargo al final me lo tomé mucho mejor de lo que yo había imaginado. Creo que tenemos que aprender a luchar con uñas y dientes por lo que queremos, pero sin deprimirnos en caso de no conseguirlo ��

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